En la soltería, hay un momento en que todos te quieren presentar a alguien; y otro, donde le pides a todos tus conocidos, si tienen a alguien para presentarte.
El problema es cuando las respuestas comienzan a ser terriblemente predecibles. Pasamos del "tengo un amigo que se muere por conocerte" al "No, ya todos están casados", "no, no sabes los problemas que tiene", "bueno, conozco a alguien, pero lleva seis meses sin trabajo".
Soy una creyente de que todo llega en su momento preciso; y en algo tan azaroso como los sentimientos no hay nada escrito. A las pruebas me remito: aquella vez en que iba -tarde, para no perder esa mexicanísima costumbre- en un taxi.
El conductor le echo brava a dos conductores, se dio un cerrón y dio una vuelta prohibida, para después empezar la conversación de la forma más casual "sí, yo me casé con mi chava hace seis meses. La conocí en el psiquiátrico, justo después de salir de la cárcel".
Por si tenían duda si soy cobarde: lo soy. Me bajé en la siguiente esquina, a 20 cuadras de mi destino.
Afortunadamente, nadie ha querido presentarme al primo de algún amigo que sea diputado, quiera asilo político o escuche voces; sin embargo, me parece sospechosa tanta coincidencia en las respuestas que recibo.
Sospechosista como soy (jamás dejaré de agradecerle a Santiago Creel que nos regalara tan bonito y enfático verbo) empiezo a considerar que en esta situación, ahora estoy en la otra frontera; y mis amigos, que me quieren a pesar de conocerme, dirán "si conozco a alguien, pero... está re-loca". Confiesen, anden.
La fuerza de Emily Brontë, la ironía de Jorge Ibargüengoitia, la belleza de Julio Cortázar, la sutileza de Bioy Casares. Así es... nada de eso está aquí, pero igual se pueden pasar un rato divertido.
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viernes, 25 de febrero de 2011
jueves, 22 de abril de 2010
Más allá del surrealismo... está México
Debo reconocer que me encanta México. Estoy convencida de que si viviera en Noruega, me faltarían muchas cosas para mi completa felicidad, (empezando por el sol y considerando que soy medio planta, por lo que necesito grandes cantidades de luz para hacer fotosíntesis, y eso sin vivir en Pandora y otras xaladas).
Pero sobre todo, me faltarían las anécdotas cotidianas que tanto material dan para las discusiones de café y las sobremesas.
A ver, ¿de qué pueden platicar los noruegos? No tienen grandes frases de los políticos, ni un poder legislativo que aprueba leyes y justo al día siguiente, explica por qué sus son inviables y no se pueden llevar a la palpitante realidad mexica.
El hecho de que los datos personales, esos que deberían ser privados, se merquen en Tepito sin ningún problema, ya podría ser motivo de extrañeza entre los noruegos, pero que además sean comprados por los propios procuradores de justicia, a través del complejísimo esquema financiero de "la vaquita", porque ni ellos tienen tanta información, es para morir de la emoción.
De hecho, creo que sólo mi angelito de la guarda debería tener esos datos, pero siendo chilango, seguro soltaría la sopa.
Tenemos explicaciones increíbles de por qué una cuadrilla de policías, con perros especializados, no pueden encontrar un cuerpo en 300 metros cuadrados; una entrevista con una vidente para decirnos que en realidad, ya era tiempo de fundirse con la luz y por eso, pues la gente muere.
Sabemos que cuando un funcionario dice que "emprenderá una investigación, caiga quién caiga", en realidad están dando carpetazo.
Claro que vivir en México también arruina algunas sorpresas. Vemos la visión apocalíptica que nos presenta Hollywood, de cuando el destino nos alcance, caigan las bombas, se abra el cielo, lleguen los marcianos o cualquier otra plaga moderna, y los aguerridos mexicanos salimos del cine diciendo "¿Te fijaste qué menso?? Eso se arreglaba con un clip y una liga"
Pero sobre todo, me faltarían las anécdotas cotidianas que tanto material dan para las discusiones de café y las sobremesas.
A ver, ¿de qué pueden platicar los noruegos? No tienen grandes frases de los políticos, ni un poder legislativo que aprueba leyes y justo al día siguiente, explica por qué sus son inviables y no se pueden llevar a la palpitante realidad mexica.
El hecho de que los datos personales, esos que deberían ser privados, se merquen en Tepito sin ningún problema, ya podría ser motivo de extrañeza entre los noruegos, pero que además sean comprados por los propios procuradores de justicia, a través del complejísimo esquema financiero de "la vaquita", porque ni ellos tienen tanta información, es para morir de la emoción.
De hecho, creo que sólo mi angelito de la guarda debería tener esos datos, pero siendo chilango, seguro soltaría la sopa.
Tenemos explicaciones increíbles de por qué una cuadrilla de policías, con perros especializados, no pueden encontrar un cuerpo en 300 metros cuadrados; una entrevista con una vidente para decirnos que en realidad, ya era tiempo de fundirse con la luz y por eso, pues la gente muere.
Sabemos que cuando un funcionario dice que "emprenderá una investigación, caiga quién caiga", en realidad están dando carpetazo.
Claro que vivir en México también arruina algunas sorpresas. Vemos la visión apocalíptica que nos presenta Hollywood, de cuando el destino nos alcance, caigan las bombas, se abra el cielo, lleguen los marcianos o cualquier otra plaga moderna, y los aguerridos mexicanos salimos del cine diciendo "¿Te fijaste qué menso?? Eso se arreglaba con un clip y una liga"
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martes, 21 de julio de 2009
Una poderosa idea fija
Todo mundo piensa en él: cómo obtenerlo, cómo tener más, dónde encontrarlo. Y no, no estoy hablando de sexo. Eso sólo pasa en Manhattan, la ciudad que nunca duerme, si le hacemos caso a Carrie Bradshaw. En realidad hablo de algo mucho más material y tangible: el dinero.
¿Por qué es tan difícil establecer una relación razonablemente sana con el dinero? Y la situación se complica cuando hay una relación amorosa de por medio.
Supongo que para los chilangos treintañeros, el tema de la crisis debió habernos encontrado con la guardia mucho más arriba que a nuestros pares de economías desarrolladas, entre otras cosas, porque para nuestra generación, la crisis no "llegó": nunca se ha ido de nuestras vidas.
Pero, evidentemente, no nos distinguimos por anticipar los duros golpes de la vida, y los efectos han sido devastadores: ahora más que nunca atesoramos nuestros empleos, vemos con desconfianza a las tarjetas de crédito y pasamos las noches, en vez de contando ovejas, pensando cómo liquidar deudas.
En mi caso, también hubo un golpe intenso en mi vida amorosa. Mis dos últimos intentos de pretendientes naufragaron por cuestiones groseramente materiales: uno no tenía dinero (entre otras cosas porque tampoco tenía trabajo, y después me cayó el veinte de que no estaba necesariamente esforzándose por conseguirlo), y el otro tenía trabajo pero con finanzas totalmente desvieladas.
El tema del dinero ya es de por sí escabroso, pero además, y para seguir fieles a nuestra tradición de sufrir todo lo posible, le agregamos la culpa: culpa si uno gasta de más, culpa si el que gasta es el otro, culpa si una gana más que ellos, culpa si una se fija en el precio de las cosas. Hay una especie de condena social en a quien toque el tema, e incluso levantar las cejas en señal de reprobación ante una cuenta mucho más onerosa de la esperada puede conllevar un ácido comentario de "es que eres bien agarrada" (o coda, o algún otro adjetivo hiriente).
Por supuesto no promuevo la manirrotez. De hecho, soy una convencida en endeudarse lo menos posible, porque no hay dinero más caro que el que no se tiene, pero sí me pregunto, ¿por qué la culpa?, ¿por qué la pena? Supongo que en parte es por un modelo muy consumista, donde el amor se equipara lo que se da, y fijarse en una cifra es como descalificar el cariño del otro.
Quizá el primer paso para tener una relación más sana con nuestro dinero parta de los mismos principios para tener una relación sana con otras personas: cultivar una buena comunicación (no dejes que tu dinero sólo diga "adiós"), planificar (si somos capaces de decidir qué película queremos ver la próxima semana, también debemos saber a qué vamos a destinar nuestros recursos), y así como podemos guardarnos algunas opiniones para no herir susceptibilidades, también podríamos guardar algunos pesitos como ahorro.
Y recordar que la culpa mata a cualquier amor, así que a la próxima que los precios me parezcan caros, no me guardaré mi levantamiento de ceja.
¿Por qué es tan difícil establecer una relación razonablemente sana con el dinero? Y la situación se complica cuando hay una relación amorosa de por medio.
Supongo que para los chilangos treintañeros, el tema de la crisis debió habernos encontrado con la guardia mucho más arriba que a nuestros pares de economías desarrolladas, entre otras cosas, porque para nuestra generación, la crisis no "llegó": nunca se ha ido de nuestras vidas.
Pero, evidentemente, no nos distinguimos por anticipar los duros golpes de la vida, y los efectos han sido devastadores: ahora más que nunca atesoramos nuestros empleos, vemos con desconfianza a las tarjetas de crédito y pasamos las noches, en vez de contando ovejas, pensando cómo liquidar deudas.
En mi caso, también hubo un golpe intenso en mi vida amorosa. Mis dos últimos intentos de pretendientes naufragaron por cuestiones groseramente materiales: uno no tenía dinero (entre otras cosas porque tampoco tenía trabajo, y después me cayó el veinte de que no estaba necesariamente esforzándose por conseguirlo), y el otro tenía trabajo pero con finanzas totalmente desvieladas.
El tema del dinero ya es de por sí escabroso, pero además, y para seguir fieles a nuestra tradición de sufrir todo lo posible, le agregamos la culpa: culpa si uno gasta de más, culpa si el que gasta es el otro, culpa si una gana más que ellos, culpa si una se fija en el precio de las cosas. Hay una especie de condena social en a quien toque el tema, e incluso levantar las cejas en señal de reprobación ante una cuenta mucho más onerosa de la esperada puede conllevar un ácido comentario de "es que eres bien agarrada" (o coda, o algún otro adjetivo hiriente).
Por supuesto no promuevo la manirrotez. De hecho, soy una convencida en endeudarse lo menos posible, porque no hay dinero más caro que el que no se tiene, pero sí me pregunto, ¿por qué la culpa?, ¿por qué la pena? Supongo que en parte es por un modelo muy consumista, donde el amor se equipara lo que se da, y fijarse en una cifra es como descalificar el cariño del otro.
Quizá el primer paso para tener una relación más sana con nuestro dinero parta de los mismos principios para tener una relación sana con otras personas: cultivar una buena comunicación (no dejes que tu dinero sólo diga "adiós"), planificar (si somos capaces de decidir qué película queremos ver la próxima semana, también debemos saber a qué vamos a destinar nuestros recursos), y así como podemos guardarnos algunas opiniones para no herir susceptibilidades, también podríamos guardar algunos pesitos como ahorro.
Y recordar que la culpa mata a cualquier amor, así que a la próxima que los precios me parezcan caros, no me guardaré mi levantamiento de ceja.
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lunes, 20 de julio de 2009
Cambio 3 B's por 3 I's
Después de varias citas desastrosas, de respuestas absolutamente increíbles, que dejan a Homero Simpson en calidad de filósofo postmodernista imaginativo con su salida de "Mira Marge, mi amor es el mar, conozcamos a otras personas", he decido cambiar el molde de mujer soltera chilanga regida por las tres "B's": Buena, Bonita y Bruta.
No es que ahora me tumbe en el sofá y me dedique a fugarme a un mundo paralelo. Tengo deudas y cuentas que pagar, incluyendo a Hacienda que hace el favor de ocupar el papel de marido y quedarse con parte de mis quincenas.
Así que seguiré siendo la ciudadana modelo que he sido hasta ahora, sólo que ya no quiero entrar en el esquema que con tanta devoción nos ha inculcado el cine de oro nacional.
Empecemos por la bondad (la buena de buenez es una categoría aparte), y aquí entra en escena doña "Marga López" y toooooooooodas las madres que interpretó en el cine, una tribuna desde donde nos conminaron a ser más buenas que el pan integral. Buenas hasta la pared de enfrente; y que no es otra cosa que ser un tapetazo de lujo, porque hay que tragarse las penas, perdonar todos los defectos, ser un pilar de fortaleza para todos los que busquen refugios, nunca, nunca, nunca emitir una queja o armar una bronca, y centrar toda la vida en los otros, porque las mujeres no tenían más que ocuparse de las necesidades de un tercero, llámese marido, padres, hijos, perro de la esquina o cualquier otro ente.
La segunda "B" es la de bonitas, porque las bonitas siempre se quedan con el galán. Ahí, más que el cine mexicano, que tuvo una etapa en que ser gordibuena era lo de hoy, nos fastidió Hollywood y su modelo "anorexic style". Hay que comer sólo ensalada, beber dos litros diario de agua y olvidarse de los postres. O pedir pero no comerlo, como hacía el personaje de Uma Thurman en "La Verdad de los perros y los gatos"
Y aparentemente, también hay que ser brutas, y como ejemplo ahí está Bridget Jones, la de la película, que tiene poco qué ver con la versión un poco más cínica que la del libro. A mí me cae bien Bridget Jones, pero hay momentos en que no entiendo qué hace un abogado exitoso y aparentemente listo como Mark Darcy con ella!
En fin, dado que las tres B's no me han funcionado, y para prueba está mi desastroso historial amoroso con finales de: "no eres tú, soy yo" (ajá), "es que tengo miedo de iniciar una nueva relación" (Oye! Miedo si fuera yo de la banda la flor), "no sé si estoy dispuesto a entrar a otra relación" (si lo piensas, no estás dispuesto, no pierdas más tu tiempo y el mío), "yo berrinchitos no voy a aguantar" (perfecto, yo tampoco); he decidido que optaré por el modelo de las tres "I's": Inteligente, independiente e Interesante. Creo que es como pasar de ser empleado a ser tu propio jefe. La idea me gusta.
No es que ahora me tumbe en el sofá y me dedique a fugarme a un mundo paralelo. Tengo deudas y cuentas que pagar, incluyendo a Hacienda que hace el favor de ocupar el papel de marido y quedarse con parte de mis quincenas.
Así que seguiré siendo la ciudadana modelo que he sido hasta ahora, sólo que ya no quiero entrar en el esquema que con tanta devoción nos ha inculcado el cine de oro nacional.
Empecemos por la bondad (la buena de buenez es una categoría aparte), y aquí entra en escena doña "Marga López" y toooooooooodas las madres que interpretó en el cine, una tribuna desde donde nos conminaron a ser más buenas que el pan integral. Buenas hasta la pared de enfrente; y que no es otra cosa que ser un tapetazo de lujo, porque hay que tragarse las penas, perdonar todos los defectos, ser un pilar de fortaleza para todos los que busquen refugios, nunca, nunca, nunca emitir una queja o armar una bronca, y centrar toda la vida en los otros, porque las mujeres no tenían más que ocuparse de las necesidades de un tercero, llámese marido, padres, hijos, perro de la esquina o cualquier otro ente.
La segunda "B" es la de bonitas, porque las bonitas siempre se quedan con el galán. Ahí, más que el cine mexicano, que tuvo una etapa en que ser gordibuena era lo de hoy, nos fastidió Hollywood y su modelo "anorexic style". Hay que comer sólo ensalada, beber dos litros diario de agua y olvidarse de los postres. O pedir pero no comerlo, como hacía el personaje de Uma Thurman en "La Verdad de los perros y los gatos"
Y aparentemente, también hay que ser brutas, y como ejemplo ahí está Bridget Jones, la de la película, que tiene poco qué ver con la versión un poco más cínica que la del libro. A mí me cae bien Bridget Jones, pero hay momentos en que no entiendo qué hace un abogado exitoso y aparentemente listo como Mark Darcy con ella!
En fin, dado que las tres B's no me han funcionado, y para prueba está mi desastroso historial amoroso con finales de: "no eres tú, soy yo" (ajá), "es que tengo miedo de iniciar una nueva relación" (Oye! Miedo si fuera yo de la banda la flor), "no sé si estoy dispuesto a entrar a otra relación" (si lo piensas, no estás dispuesto, no pierdas más tu tiempo y el mío), "yo berrinchitos no voy a aguantar" (perfecto, yo tampoco); he decidido que optaré por el modelo de las tres "I's": Inteligente, independiente e Interesante. Creo que es como pasar de ser empleado a ser tu propio jefe. La idea me gusta.
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