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martes, 15 de septiembre de 2009

Su llamada es muy importante para nosotros...

No hay nada más frustrante que hablar con una grabación.
"Buen día, nuestras operadoras están ocupadas; su llamada es muy importante para nosotros, utilice nuestro menú teléfonico que es muy eficiente", y entonces entra uno al laberinto, que ni siquiera es de soledad: es de una profunda desesperanza, un hoyo negro donde se marcan las teclas una y otra vez, con la seguridad de que no hay nadie del otro lado para ayudarnos.
Estoy segura de que el infierno en realidad es llegar a un escritorio donde alguien nos recibirá, digo, es el infierno: seguro tendrán infraestructura y burócratas limándose las uñas, escuchando alguna estación de radio y comiendo alguna fritura, que nos dirá que nuestro documento se traspapeló, que por supuesto es un error que estemos ahí y que pasemos a la cabina telefónica.
Descolgaremos el teléfono y nuestra peor pesadilla comenzará a materializarse: si quiere hablar con alguien pero no sabe la extensión, marque el 1 seguido de numeral. BEEP. Su selección no es válida, marque asterisco BEEP. Su selección no es válida, marque las primeras letras de la persona con la que quiere hablar. 7282. BEEP. Su selección no es válida.
O, quizá la selección sea válida, y entonces haya una grabación que diga "En este momento, la persona (o ángel caído o su Satanidad, no sé cómo diga en su tarjeta de presentación) no está disponible. Le sugerimos marcar cero para tener asistencia inmediata" BEEP. Lo sentimos, nuestras operadoras están ocupadas; su llamada es muy importante para nosotros, utilice nuestro menú teléfonico que es muy eficiente"... y así... por toda la eternidad

jueves, 23 de julio de 2009

Miénteme, miénteme que algo queda

Antes veía las series de televisión para distraerme de la cruda realidad. Ahora las veo para obsesionarme. ¿El caso más reciente?: "Miénteme" (Lie to Me) La trama es lo de menos (un grupo de investigadores que se dedican a desenmascarar, con puro método científico, las mentiras de los demás), pero no puedo dejar de pensar en un dato que dieron (y, aparentemente, real): en una conversación de diez minutos, una persona dice en promedio tres mentiras.

No hablamos de estafadores, ladrones, y no, tampoco de políticos profesionales (lo siento, pero esa profesión está muy desprestigiada): conversaciones normales, las que sostenemos día a día en nuestros círculos, cercanos o lejanos, pero -eventualmente- con gente a quienes no tendríamos a quienes mentir... o al menos, no demasiado. Llevo días con la duda: ¿sobre qué tanto podemos mentir?, ¿de qué queremos mentir?, ¿y a quién le mentimos tanto?

Seguro tendremos las mentiras cotidianas, las que nos decimos a nosotros mismos ("pues no, no me veo tan gorda con este vestido"), y las que decimos que son "verdades a medias" porque en realidad, son para no lastimar a alguien, y que pueden abarcar desde el consabido éxito taquillero: "no eres tú, soy yo" hasta la siempre adorable excusa: "mamá, voy al cine y me voy a tardar, no sé a qué hora voy a regresar" o, la que hemos dicho en alguna Navidad o cumpleaños: "me encantó el sueter verde limón".

Por supuesto que hay mentiras que nos dicen y estamos dispuestos a creer: "nadie me ha hecho sentir como tú", "te amaré toda la vida", e incluso las más perversas o trilladas, del estilo: "es que mi mujer no me entiende, en cambio, contigo es tan distinto".

Además, están las mentiras laborales, las que decimos porque puede estar en peligro nuestra sobrevivencia o porque es la marca de cualquier burocracia que se respete y que pueden condensarse en dos grandes vertientes: "el licenciado no está", y el siempre presto: "me da mucha pena no poder ayudarle, pero ya ve cómo son estos trámites".

Una de mis favoritas es la que escuché en el metrobus: "te juro que estoy aquí abajo, esperando que llegue el elevador", y todos dirigimos una sesgada mirada de reproche al emisor de tan bonito mensaje, quien todavía se bajó 3 ó 4 paradas después de aquella aseveración.

Ahora, quizá en México veamos con mayor naturalidad estas mentiras o medias verdades porque también es más permisivo nuestro límite entre la ficción y la realidad, una frontera que no siempre está clara, y que nos regala imágenes delirantes de un camión lleno de gallinas atorado o volcado en carretera, helicópteros que caen enmedio de avenidas, caballos que corren desbocados hasta estrellarse con un taxi, elefantes que se fugan del circo y terminan en medio de una carretera, manifestaciones públicas a favor o en contra de alguna justa causa social y que deja a una marea detenida de automovilistas durante ocho horas...

¿Qué hacer entonces?, ¿será cierto lo que decía Jack Nicholson en "Cuestión de Honor"?: "¿La verdad?, ¡Ustedes no pueden manejar la verdad!" El problema es que el último que se fugo a la tierra de Nunca Jamás, no le fue precisamente bien... Quizá por eso la realidad deba venir mejor en pequeñas dosis.